Manifiestos cinelibertarios

EL CINE, INSTRUMENTO DE POESIALLAMAR LA ATENCIÓN CON LIBERTAD

“La estética del sueño” por Glauber Rocha

LAS REGLAS DE ORO por Jim Jarmush

MANIFIESTO POR LA LIBRECULTURA

Tiempo Impreso - Andrey Tarkovski

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EL CINE, INSTRUMENTO DE POESIApor Luis BuñuelLitoral nº 235

El grupo de jóvenes que forman la Dirección de Difusión Cultural se acercó a mí para pedirme una conferencia. Aunque agradecí debidamente la distinción de que me hacían objeto, mi respuesta fue negativa: aparte de que no poseo ninguna de las cualidades que requiere un conferenciante, siento un pudor especial de hablar en público. Fatalmente, el que diserta atrae la atención colectiva de sus oyentes, sintiéndose blanco de sus miradas. En mi caso, no puedo evitar una cierta confusión ante el temor de que puedan creerme un poco, digamos, exhibicionista. Aunque esta idea mía sobre el conferenciante pueda ser exagerada o falsa, el hecho de sentirla como verdadera me obligó a suplicar que mi periodo de exhibición fuera lo más corto posible, y propuse la constitución de una mesa redonda, en la que unos cuantos amigos, pertenecientes a distintas actividades artísticas e intelectuales, pudiéramos discutir en familia alguno de los problemas que atañen al llamado séptimo arte: así, se acordó que el tema fuera el de «el cine como expresión artística», o más concretamente, como instrumento de poesía, con todo lo que esta palabra pueda contener de sentido libertador, de subversión de la realidad, de umbral al mundo maravilloso del subconsciente, de inconformidad con la estrecha sociedad que nos rodea.

Ha dicho Octavio Paz: «Basta que un hombre encadenado cierre sus ojos para que pueda hacer estallar el mundo», y yo, parafraseando, agrego: bastaría que el párpado blanco de la pantalla pudiera reflejar la luz que le es propia para que hiciera saltar el universo. Mas por el momento podemos dormir tranquilos, pues la luz cinematográfica está convenientemente dosificada y encadenada. En ninguna de las artes tradicionales existe una desproporción tan grande entre posibilidad y realización como en el cine. Por actuar de una manera directa sobre el espectador, presentándole seres y cosas concretas; por aislarlo, gracias al silencio, a la oscuridad, de lo que pudiéramos llamar su hábitat psíquico, el cine es capaz de arrebatarlo como ninguna otra expresión humana. Pero como ninguna otra es capaz de embrutecerlo. Por desgracia, la gran mayoría de los cines actuales parece no tener más misión que ésa: las pantallas hacen gala del vacío moral e intelectual en que prospera el cine, que se limita a imitar la novela o el teatro, con la diferencia de que sus medios son menos ricos para expresar psicologías; repiten hasta el infinito las mismas historias que se cansó de contar el siglo diecinueve y que aún se siguen repitiendo en la novela contemporánea.

Una persona medianamente culta arrojaría con desdén el libro que contuviese alguno de los argumentos que nos relatan las más grandes películas. Sin embargo, sentada cómodamente en la sala a obscuras, deslumbrada por la luz y el movimiento que ejercen un poder casi hipnótico sobre ella, atraída por el interés del rostro humano y los cambios fulgurantes del lugar, esa misma persona casi culta, acepta plácidamente los tópicos más desprestigiados.

El espectador de cine, en virtud de esa clase o de esa especie de inhibición hipnagógica pierde un porcentaje elevado de sus facultades intelectivas. Pondré un ejemplo concreto: la película titulada Detective Story o Antesala del infierno. La estructuración de su argumento es perfecta, el director magnífico, los actores extraordinarios, la realización genial, etc., etc. Pues bien, todo ese talento, todo ese savoir faire, toda la complicación que supone la máquina del film, fue puesta al servicio de una historia estúpida, notable por su bajeza moral. Me viene a la mente aquella máquina extraordinaria del Opus 11, aparato gigantesco, fabricado con el mejor acero, de mil engranajes complicados, tubos, manómetros, cuadrantes, exacto como un reloj, imponente como un trasatlántico, que serviría únicamente para timbrar la correspondencia.

El misterio, elemento esencial de toda obra de arte, falta por lo general en las películas. Ya tienen buen cuidado autores, directores y productores de no turbar nuestra tranquilidad abriendo la ventana maravillosa de la pantalla al mundo liberador de la poesía. Prefieren reflejar en aquélla los temas que pudieran ser continuación de nuestra vida ordinaria, repetir mil veces el mismo drama, hacernos olvidar las penosas horas del trabajo cotidiano. Y todo eso, como es natural, bien sancionado por la moral consuetudinaria, por la censura gubernamental e internacional, por la religión, presidido por el buen gusto y aderezado con humor blanco y otros prosaicos imperativos de la realidad.

Si deseamos ver buen cine raramente lo encontraremos en las grandes producciones, o en aquellas otras que vienen sancionadas por la crítica y el consenso de los públicos. La historia particular, el drama privado de un individuo, creo que no puede interesar a nadie digno de vivir en su época; si el espectador se hace partícipe de las alegrías, tristezas o angustias de algún personaje de la pantalla, deberá ser porque ve reflejadas en aquél las alegrías, tristezas o angustias de toda la sociedad, y por tanto las suyas propias. La falta de trabajo, la inseguridad de la vida, el temor a la guerra, la injusticia social, etc., son cosas que, por afectar a todos los hombres de hoy, afectan también al espectador; pero que el señor X no sea feliz en su hogar y se busque una amiga para distraerse, a la que finalmente abandonará para reunirse con su abnegada esposa, es algo moral y edificante, sin duda, pero nos deja completamente indiferentes.

A veces la esencia cinematográfica brota insólitamente de un film anodino, de una comedia bufa o de un burdo folletín. Man Ray ha dicho en una frase llena de significación: «los peores films que haya podido ver, aquellos que me hacen dormir profundamente, contienen siempre cinco minutos maravillosos, y los mejores, los más celebrados, cuentan solamente con cinco minutos que valgan la pena». O sea que tanto los buenos como los malos films, y por encima y a pesar de las intenciones de sus realizadores, la poesía cinematográfica propugna por salir a la superficie y manifestarse.

El cine es un arma maravillosa y peligrosa, si la maneja un espíritu libre. Es el mejor instrumento para expresar el mundo de los sueños, de las emociones, del instinto. El mecanismo productor de imágenes cinematográficas, por su manera de funcionar, es, entre todos los medios de expresión humana, el que más se parece al de la mente del hombre, o mejor aún, el que mejor imita el funcionamiento de la mente en estado de sueño. El film es como una simulación involuntario del sueño. Bernard Brunius nos hace observar que la noche paulatina que invade la sala equivale al cerrar los ojos: entonces comienza en la pantalla, y en el hombre, la incursión por la noche de la inconsciencia; las imágenes, como en el sueño, aparecen y desaparecen a través de disolvencias y obscurecimientos; el tiempo y el espacio se hacen flexibles, se encogen y alargan a voluntad; el orden cronológico y los valores relativos de duración no responden ya a la realidad; la acción de un círculo es transcurrir en unos minutos o en varios siglos; los movimientos aceleran los retardos.

El cine parece haberse inventado para expresar la vida subconsciente, que tan profundamente penetra, por sus raíces, la poesía; sin embargo casi nunca se le emplea para esos fines. Entre las tendencias modernas del cine, la más conocida es la llamada neorrealista. Sus films presentan ante los ojos del espectador trozos de la vida real, con personajes tomados de la calle e incluso con edificios e interiores auténticos. Salvo excepciones, y cito muy especialmente Ladrón de bicicletas, no ha hecho nada el neorrealismo para que resalte en sus films lo que es propio del cine, quiero decir, el misterio y lo fantástico. ¿De qué nos sirve todo ese ropaje de vista si las situaciones, los móviles que animan a los personajes, sus reacciones, los argumentos mismos están calcados de la literatura más sentimental y conformista? La única aportación interesante que nos ha traído, no el neorrealismo, sino Zavattini personalmente, es la elevación al rango de categoría dramática del acto anodino. En Humberto D., una de las películas más interesantes que ha producido el neorrealismo, una criada de servicio, durante todo un rollo, o sea durante diez minutos, realiza actos que hasta hace poco hubieran podido parecer indignos de la pantalla. Vemos entrar a la sirvienta a la cocina, encender su fogón, poner una olla a calentar, echar repetidas veces un jarro de agua a una línea de hormigas que avanza en formación india hacia las viandas, dar el termómetro a un viejo que se siente febril, etc., etc. A pesar de lo trivial de estas situaciones, esas maniobras se siguen con interés y hasta con suspenso.

El neorrealismo ha introducido en la expresión cinematográfica algunos elementos que enriquecen su lenguaje, pero nada más. La realidad neorrealista es incompleta, oficial; sobre todo, razonable; pero la poesía, el misterio, lo que completa y amplía la realidad tangente, falta en absoluto en sus producciones. Confunde la fantasía irónica con lo fantástico y el humor negro.

«Lo más admirable de lo fantástico», ha dicho Andre Bretón, «es que lo fantástico no existe, todo es real.» Hablando con el propio Zavattini hace algún tiempo, expresaba mi inconformidad con el neorrealismo: estábamos comiendo juntos, y el primer ejemplo que se me ocurrió fue el vaso de vino en el que me hallaba bebiendo. Para un neorrealista, le dije, un vaso es un vaso y nada más que eso: veremos cómo lo sacan del armario, lo llenan de bebida, lo llevan a lavar a la cocina en donde lo rompe la criada, la cual podrá ser despedida de la casa o no, etc. Pero ese mismo vaso contemplado por distintos hombres puede ser mil cosas distintas, porque cada uno de ellos carga de afectividad lo que contempla, y ninguno lo ve tal como es, sino como sus deseos y su estado de ánimo quieren verlo. Yo propugno por un cine que me haga ver esa clase de vasos, porque ese cine me dará una visión integral de la realidad, acrecentará mi conocimiento de las cosas y de los seres y me abrirá el mundo maravilloso de lo desconocido, de lo que no puedo leer en la prensa diaria ni encontrar en la calle.

No crean por cuanto llevo dicho, que sólo propugno por un cine dedicado exclusivamente a la expresión de lo fantástico y del misterio, por un cine escapista, que desdeñoso de nuestra realidad cotidiana pretendiera sumergirnos en el mundo inconsciente del sueño. Aunque muy brevemente, he indicado hace poco la importancia capital que le doy al film que trata sobre los problemas fundamentales del hombre actual, no considerado aisladamente, como caso particular, sino en sus relaciones con los demás hombres. Hago mías las palabras de Engels que define así la función de un novelista (léase para el caso, la de un creador cinematográfico): «el novelista habrá cumplido honradamente cuando, a través de una pintura fiel de las relaciones sociales auténticas, destruya las funciones convencionales, sobre la naturaleza de dichas relaciones, quebrante el optimismo del mundo burgués y obligue a dudar al lector de la perennidad del orden existente, incluso aunque no nos señale directamente una conclusión, incluso aunque no tome partido sensiblemente».

Luis Buñuel

 

 

La estética del sueño

por Glauber Rocha

1968 fue el año de la revoluciones de la juventud. El Mayo Francés ocurrió en el momento en que estudiantes e intelectuales brasileros manifestaban en Brasil su protesta contra el régimen militar de 1964.Entre la represión interna y la repercusión internacional aprendí la mejor lección: el artista debe mantener su libertad ante cualquier circunstancia. Solamente así estaremos libres de un tipo muy original de empobrecimiento: la oficialización que los países subdesarrollados acostumbran hacer de sus mejores artistas.Las ciencias sociales dieron a conocer estadísticas y permiten interpretaciones sobre al pobreza.Las conclusiones de las afirmaciones de los sistemas capitalistas encaran al hombre pobre como un objeto que debe ser alimentado. Y en los países socialistas observamos la permanente polémica entre los profetas de la revolución total y los burócratas que tratan al hombre como objeto a ser masificado. La mayoría de los profetas de la revolución total es compuesta por artistas. Son personas que tienen una aproximación más sensitiva y menos intelectual con las masas pobres.

Arte revolucionario fue la palabra de orden en el tercer mundo en los años sesenta y continuará siéndolo en esta década. Creo entonces, que la mudanza de muchas condiciones políticas y mentales exige un desarrollo continuo de los conceptos de arte revolucionario.Primarismo muchas veces se confunde con manifiestos ideológicos. El peor enemigo del arte revolucionario es su mediocridad. Delante de la revolución sutil de los conceptos reformistas de la ideología imperialistas, el artista debe ofrecer respuestas revolucionarias capaces de no aceptar, en ninguna hipótesis, las evasivas propuestas. Y lo que es más difícil, exige una precisa identificación de lo que es el arte revolucionario útil al activismo político; de lo que es arte revolucionario lanzada en la apertura de nuevas discusiones; de lo que es arte revolucionario rechazada por la izquierda e instrumentalizada por la derecha.

Una obra de arte revolucionaria debería no sólo actuar de modo inmediatamente político como también promover la especulación filosófica, creando una estética de eterno movimiento humano rumbo a su integración cósmica. La existencia discontinua de este arte revolucionario en el tercer mundo se debe fundamentalmente a las represiones del racionalismo.Los sistemas culturales actuantes, de derecha e izquierda, están presos a una razón conservadora. El fracaso de las izquierdas en Brasil es resultado de este vicio colonizador. La derecha piensa de acuerdo a la razón del orden y el desarrollo. La tecnología es ideal mediocre de un poder que no tiene otra ideología sino el dominio del hombre por el consumo. Las respuestas de la izquierda, ejemplifico otra vez en Brasil, fueron paternalistas en relación al tema central de los conflictos políticos: las masas pobres. El pueblo es el mito de la burguesía.La razón del pueblo se convierte en la razón de la burguesía sobre el pueblo. Las variaciones ideológicas de esta razón paternalista se identifican en monótonos ciclos de protesta y represión. La razón de izquierda se revela heredera de la razón revolucionaria burguesa europea. La colonización en tal nivel imposibilita una ideología revolucionaria integral, que tendría en el arte su expresión mayor porque solamente el arte puede aproximarse al hombre en la profundidad que el sueño de esta comprensión pueda permitir.La ruptura con los racionalismos colonizadores es la única salida. Las vanguardias del pensamiento no pueden más, darse al hecho inútil de responder a la razón opresiva con la razón revolucionaria. La revolución es antirazón que comunica las tensiones y rebeliones del más irracional de todos los fenómenos que es la pobreza. Ninguna estadística puede informar la dimensión de la pobreza. La pobreza es la carga autodestructiva máxima de cada hombre y repercute psíquicamente de tal forma que este pobre se convierte en un animal de dos cabezas: una es fatalista y sumisa a la razón que lo explota como esclavo. La otra, en la medida en que el pobre no puede explicar lo absurdo de su propia pobreza, es naturalmente mística.La razón dominadora clasifica el misticismo de irracionalista y lo reprime a bala. Para ella todo lo que es irracional debe ser destruido, sea la mística religiosa, sea la mística política. La revolución, como posesión del hombre que lanza su vida rumbo a una idea, es el más alto estado esencial del misticismo. Las revoluciones fracasan cuando esta posesión no es total, cuando el hombre rebelde no se libera completamente de la razón represiva, cuando los signos de la lucha no se producen a un nivel de emoción estimulante y reveladora, cuando, todavía accionando por la razón burguesa, método e ideología se confunden a tal punto que paralizan las transacciones de la lucha.En la medida que la desrazón planea las revoluciones la razón planea la represión. La toma política del poder no implica el éxito revolucionario. Hay que tocar por la comunión, el punto vital de la pobreza que es su misticismo. Este misticismo es el único lenguaje que trasciende al esquema racional de opresión. La revolución es una magia porque es lo imprevisto dentro de la razón dominadora. A lo sumo es vista como una posibilidad comprensible. Pero la revolución debe ser una imposibilidad de comprensión para la razón dominadora, de tal forma que la misma se niegue y se devore delante de su imposibilidad de comprender.El irracionalismo liberador es la más fuerte arma de lo revolucionario. Y la liberación (…) significa siempre negar la violencia en nombre de una comunicad fundada por el sentido de amor ilimitado entre los hombres. Este amor nada tiene que ver con el humanismo tradicional, símbolo de la buena conciencia dominadora.Las raíces indígenas y negras del pueblo latinoamericano deben ser entendidas como únicas fuerzas desarrolladas de este continente. Nuestras clases medias y burguesas son caricaturas decadentes de las sociedades colonizadoras.La cultura popular será siempre una manifestación relativa cuando apenas inspiradora de un arte creada por artistas todavía sofocados por la razón burguesa. La cultura popular no es lo que se llama técnicamente de folclore, sino el lenguaje popular de permanente rebelión histórica.El encuentro de los revolucionarios desligados de la razón burguesa con las estructuras más significativas de esta cultura popular será la primera configuración de un nuevo signo revolucionario.

El sueño es el único derecho que no se puede prohibir.

La “estética del hambre“ era la medida de mi comprensión racional de la pobreza en 1965. Hoy rehúso hablar de cualquier estética. La plena vivencia no puede estar sujeta a conceptos filosóficos. Arte revolucionario debe ser una magia capaz de hechizar al hombre a tal punto que él no soporte más vivir en esta realidad absurda.

Glauber Rocha

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LAS REGLAS DE ORO por Jim Jarmush

REGLA No. 1: No hay reglas. Hay tantas maneras de hacer una película como cineastas potenciales. Es una forma abierta. Como sea, yo personalmente no sería capaz de decirle a nadie qué hacer o cómo hacer algo. Para mí es como decirle a alguien cuáles deberían ser sus creencias religiosas. A la mierda. Eso va en contra de mi filosofía personal – esto es más un código que una serie de reglas. Por lo tanto, olvídate de las “reglas” que estás leyendo en este momento y considéralas más bien simples notas para mí mismo. Uno debería hacer sus propias “notas” porque no hay una única forma de hacer nada. Si alguien te dice que hay una única forma, su forma, aléjate de él tan rápido como puedas, tanto física como filosóficamente.

REGLA No. 2: No te dejes agarrar de esos hijos de puta. Ellos no pueden ni ayudarte ni dejar de ayudarte, pero sí pueden detenerte. La gente que financia películas, distribuye películas, promueve películas y exhibe películas no son cineastas. No están interesados en permitir que los cineastas definan y dicten la forma en que hacen sus cosas, así que los cineastas no debemos tener ningún interés en permitirles dictar la forma en que se hace una película. Carga un arma si es necesario.

Además, evita a los diletantes a toda costa. Siempre hay personas por ahí que sólo quieren meterse a hacer cine para volverse ricas, para volverse famosas o para tener sexo. Generalmente saben tanto de cómo hacer cine como George W. Bush de combate cuerpo a cuerpo.

REGLA No. 3: La producción está ahí para servir a la película. La película no está ahí para servir a la producción. Desafortunadamente en el mundo del cine esto se da casi universalmente al revés. La película no se hace para servir al presupuesto, al cronograma o a las hojas de vida de los involucrados. A los cineastas que no entienden esto deberían colgarlos de los tobillos y preguntarles por qué de pronto el cielo está para abajo.

REGLA No. 4: El cine es un proceso de colaboración. Tienes la oportunidad de trabajar con otros cuyas mentes e ideas pueden ser más fuertes que las tuyas. Asegúrate de que se mantengan enfocados en su propia función y no en el trabajo de alguien más, o será un desastre. Pero trata a todos tus colaboradores como iguales y con respeto. Un asistente de producción que está deteniendo el tráfico para que el equipo técnico pueda rodar un plano no es menos importante que los actores en escena, el director de fotografía, el director de arte o el director. Las jerarquías son para aquellos cuyos egos están inflados o fuera de control o para la gente que está en el ejército. Aquellos con los que eliges colaborar, si escoges bien, pueden elevar la calidad y el contenido de tu película a un nivel mucho más alto de lo que cualquiera hubiera podido imaginarse por sí solo. Si no quieres trabajar con otras personas pinta un cuadro o escribe un libro (y si quieres ser un maldito dictador parece que por estos días lo único que hay que hacer es meterse a la política…).

REGLA No. 5: Nada es original. Roba de cualquier sitio que te llene de inspiración o alimente tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones intrascendentes, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, ríos, luces y sombras. Selecciona para robar solamente aquellas cosas que le hablen directamente a tu alma. Si lo haces, tu trabajo (y tu robo) será auténtico. La autenticidad es invaluable; la originalidad no existe. Y no te preocupes en ocultar tu robo – celébralo si hace falta. En cualquier caso recuerda siempre lo que dijo Jean-Luc Godard: “De lo que se trata no es de dónde tomas las cosas, sino de a dónde las llevas”.

JIM JARMUSCH

 

LLAMAR LA ATENCIÓN CON LIBERTAD

“Tal como somos, así vemos”. Ralph Waldo Emerson

Es un acuerdo tácito entre la critica cinematográfica mundial, entender las películas desde tres tendencias: la comercial, la industrial y la de autor. Lo que sigue, pretende llamar la atención sobre el cine comercial actual colombiano y afirmar que para un adecuado desarrollo de las imágenes nacionales se debe fortalecer la producción y la difusión de filmes no comerciales, y la crítica alrededor del séptimo arte, clave para valorar otras formas de imágenes.

LLAMAR LA ATENCIÓN CON LIBERTAD.

Texto resultado del X Encuentro nacional de críticos de cine en Pereira. Agosto, 2007. Colombia.

Las redes sociales, entre ellas la de los mejores amigos, son indispensables para una adecuada vida en la sociedad. Los seres humanos necesitan contar con personas cercanas y conocedoras de si. Normalmente la historia del aprendizaje suele desarrollarse con ellos creando intimidad; creando un conjunto de personas que se consideran “los mejores amigos”.

Una de las funciones que cumplen este conjunto de personas es advertirnos de malos comportamientos, de asuntos en los cuales, los conocidos, o compañeros de trabajo no “se meten”. Con estas personas se establecen en su mayoría relaciones sociales complejas, donde por el conocimiento que se tiene de los comportamientos problemáticos del otro, se le llama la atención con libertad.

Para un adecuado tratamiento en el conjunto de los comportamientos inadecuados como: la fobia social, las obsesiones, la ansiedad, los trastornos disociativos, de control de impulsos, de estado de ánimo, la esquizofrenia, las adicciones y problemas de comunicación social se requiere un decidido apoyo de los mejores amigos. El grado de confianza y monitoreo que pueden ejercer la red más cercana de las personas afectadas es indispensable para una mejoría.

Así es la relación que mantiene la crítica del cine y el cine. Desde la intimidad, la confianza, el conocimiento y el afecto los críticos evalúan, analizan y explican el manejo de los materiales en la expresión de un momento histórico, características que deben cumplir las obras para tener una condición valida de arte.

Hablar de lo que pasa en el contexto colombiano con seriedad y métodos de análisis esta mal visto. Se deduce ingenuamente que es un estorbo por consiguiente se incentivan las miradas únicas y positivas de lo que sucede.

Existe un “rumor” del cine colombiano actual, generado desde la ausencia de análisis del fenómeno, por personas que no saben de él cine y hablan o comentan desde espacios repetitivos y abundantes en los medios masivos de comunicación. La información sobre el filme se limita a la entrevista del realizador y del elenco pero no trata sobre el manejo de los materiales en lo audiovisual.

Este fenómeno ocurre en muchos otros contextos, pero no con una ausencia tan evidente de análisis, crítica y medios para su difusión. De 44 millones de colombianos no más de 15 se dedican a estudiar y publicar información sobre el séptimo arte. Existe una sola revista sobre cine que mantiene con inconvenientes su trabajo.

No se puede hablar de cine –ni de país- sin crítica. Los críticos son los responsables del avance en las expresiones artísticas, de los descubrimientos interesantes y la definición de movimientos.

La oferta y la demanda no pueden ser los conceptos con los cuales se evalué el desarrollo de un arte. Los componentes de industria del cine son importantes pero no definitorios en su calidad. “Soñar no cuesta nada” con más de un millón de espectadores no es un mejor manejo de lo audiovisual que “La historia del baúl rosado” con sus treinta mil asistentes.

No se trata de soslayar la subjetividad; es como afirmar que a los 8 de cada 100 colombianos que no sabe leer ni escribir, no deberíamos enseñarle; se trata precisamente de enriquecer las visiones de cada persona con la posibilidad de comparar “platos” visuales y disfrutar de los diversos sabores del cine.

En las películas que perduran en el tiempo -por ser obras de arte – no hay buenos ni malos, hay personajes únicos e irrepetibles; a veces requieren ser vistas más de dos veces para una correcta apreciación; le hablan al ser humano de una manera única; son hechas más para la excepción que para la regla.

El audiovisual colombiano no esta representando distintas formas de ser; repite estereotipos y formulas empezando a estratificarse. Aunque ha logrado una gran calidad técnica, no tiene búsquedas estéticas; lo técnico es un material de lo audiovisual pero no lo definitorio.

Los realizadores trabajan en el cine como en la publicidad, sin pasión, haciendo bien la tarea por la nota de “Stilo” y “De otro mundo”, la invitación a bares y a la sala de cine del Palacio de Nariño. Pocos son los que reflexionan sobre su obra, sobre el manejo de las imágenes en movimiento y el sonido en una película para inmortalizar un momento histórico. Existen argumentos económicos para justificar una estética. No se pueden construir las cosas bellas sin reflexión, sin que se le vaya al creador la vida en ello, sin ética frente a la representación de un conjunto de humanos; Especialmente de un país creador de imágenes fuertes, de asesinatos, de pistolas, de engaños; con índices de anormalidad en casi todos los aspectos sociales. Sin considerar esas realidades, esos contextos, es muy difícil hacer un producto que permanezca en “El Tiempo”; aunque se pueda salir en él.

Si se analiza el tema de la infidelidad por medio de películas colombianas como: “Confesiones a Laura”, “La gente de la universal”, “Bluff” y “Esto huele mal” notaremos grandes diferencias de análisis y representación del fenómeno.

En cuanto a la medida más objetiva del séptimo arte históricamente: los festivales de cine; las ultimas películas colombianas privilegiadas en el mundo como obras fílmicas fueron: “Sumas y restas” y “La sombra del caminante” al participar en el festival de cine de San Sebastián y antes “La vendedora de rosas”, “Rodrigo D no futuro” y “Cóndores no entierran todos los días” habían participado en la selección oficial del Festival de cine de Cannes, lugar donde se reúnen la mayor cantidad de críticos de cine.

Es necesario repensar el modelo de la industria. Meditar, analizar y construir un modelo o modelos alternativos de producción, distribución y exhibición de películas. Se debe construir la noción de cine independiente, alternativo de autor (documental y de ficción) sobre la base que el arte no debe considerarse un margen que no deba rentar, de un cine lento y aburrido para los excéntricos en “cine clubes”.

No debemos hacer cuentas alegres con el cine colombiano actual, por más que se acelere (para nosotros) el ritmo de producción y estreno de películas. Debemos promover que se hagan las películas, pero cuidar mucho más lo que se diga y lo que se haga creer: no por estar haciendo películas estamos haciendo un cine deseable y maduro. Si se hacen películas sistemáticamente, mucha más gente estará entrenándose y trabajando en el medio y es posible que en esa dinámica, logren surgir autores que le den su temperamento a sus películas y surja ese cine que esperamos algún día con madurez y capacidad de sugerencia, características que hasta hoy, el cine colombiano no tiene. (Capacidad de sugerencia, ojala, impulsada también desde las secciones de farándula de los noticieros).

Necesitamos seguir construyendo ideas sobre que es hacer crítica de cine como una critica documentada, evaluativa y propositiva sobre la sociedad. El cine no es ni tiene que ser una isla que habla del mundo de sus realizadores sólo hacia adentro de su imaginación; el cine es manifestación siempre de la imaginación y del temperamento de quien hace, la falta o el exceso, o el conformismo de quien hace como respuesta a lo que ocurre en la sociedad de su espacio tiempo.

En otros campos de lo social, los críticos también cumplen funciones necesarias para un adecuado avance de la educación, la economía, el medio ambiente, las finanzas y la cultura. Cuando se habla de los fenómenos y se descubren en ellos retrocesos y una incorrecta interacción de las variables; no se esta hablando mal, se están tratando de encontrar aspectos de mejoría; las distensiones, la diversidad de puntos de vista sobre un tema debería ser lo más pretendido, no la única mirada.

Lo único que hablará de nosotros cuando estemos muertos no se puede tomar a la ligera. Sería deseable que el Fondo de desarrollo cinematográfico nacional destine un porcentaje del dinero producto de la aplicación de la ley de cine a la crítica cinematográfica organizada de Colombia.

Felipe Moreno Salazar

Ricardo Méndez

Juan Guillermo Ramírez

German Ossa

Gustavo Valencia

Joel Sánchez

Fabio Ossa

Ralph Waldo Emerson Naturaleza (fragmento)

Nuestra época es retrospectiva. Construye sobre los sepulcros de los padres. Escribe biografías, historias y juicios críticos. Las generaciones precedentes miraban a Dios y a la naturaleza cara a cara; nosotros, por medio de los ojos de aquellas. ¿Por qué no hemos de gozar también nosotros de una relación original con el universo? ¿Por qué no hemos de tener una poesía y una filosofía de la percepción y no de la tradición, y una religión revelada a nosotros, y no la historia de ellas? Envueltos, durante una temporada en la naturaleza, cuyas corrientes de vida circulan a nuestro alrededor y entre nosotros, y nos invitan, mediante las fuerzas que aportan, a una acción proporcionada con la naturaleza, ¿por qué hemos de andar a tientas entre los huesos secos del pasado, o enmascarar a la generación viviente con su vestuario marchito? El sol brilla también ahora. Hay en los campos más lana y lino. Hay nuevas tierras, nuevos hombres, nuevos pensamientos. Reclamemos nuestras propias obras, leyes y religión.

 

 

2 Responses to “Manifiestos cinelibertarios”

  1. Andrés R Castelblanco M Says:

    Yo pondría esta de Jim Morrison:

    Freedom Exists
    An American Prayer

    Did you know freedom exists
    In school books

    Did you know madmen are
    Running our prisons

    Within a jail, within a gaol
    Within a white free protestant
    Maelstrom

    We’re perched headlong
    On the edge of boredom

    We’re reaching for death
    On the end of a candle

    We’re trying for something
    That’s already found us

  2. clarita Says:

    la histoira no exsiste, la vida no exsiste. no separa que necesitamos la critica. Me encanta haber encontrado este espacio. hay textos maravillosos….y este.

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